Otro tanto cabe decir de las relaciones sujeto-objeto, cuando el objeto no es un sujeto humano sino una “cosa”. Las “cosas” del tercer entorno no son objetos físicos, sino representaciones digitales y electrónicas, en algunos casos de objetos reales, en otros de entidades imaginarias. En ambos casos esas “cosas” son producto del diseño tecnológico. Suele decirse que son entidades intangibles , con mucha razón. Excepto para el teletacto o tecnotacto, habría que matizar. Algunas interfaces (videojuegos, realidad virtual, televisión) tienen particular potencia para producir impresión de realidad sobre los sujetos a partir de constructos tecnológicos. Esto ya ocurría en el primer entorno (divinidades, rituales religiosos, cuentos e historias orales, etc.) y en el segundo (literatura, cine ...), pero en el tercer entorno es la base misma de su funcionamiento. Por ello cabe hablar de una realidad expandida en el espacio electrónico, mejor que de una realidad virtual.(7)

Dicho en términos leibnicianos, el espacio electrónico conforma un nuevo orden fenoménico para la interexpresión entre los sujetos (o mónadas), así como para la percepción y la acción de los sujetos sobre los objetos (8). Puesto que los sujetos están ubicados en cuerpos (éstos son el primer entorno de cada sujeto), los cuerpos han de adaptarse al nuevo medio artificial para poder interactuar entre sí. Lo importante es que los dos atributos principales de los sujetos, la percepción y la acción (según Leibniz) se modifican radicalmente, al convertirse en tele-percepción y tele-acción. Esta ampliación del entorno vital de cada sujeto posibilita nuevas formas de despliegue de cada cual, más allá de las limitaciones impuestas por la proximidad y la copresencia en el entorno físico-natural. El cuerpo electrónico se ha adaptado a la estructura y funcionamiento del tercer entorno, modificando sus hábitos de percepción, comunicación y acción. Estamos ante otro orden fenoménico que permite nuevas formas de despliegue de las relaciones intersubjetivas. De ahí la importancia filosófica y social del espacio electrónico.


7. De ahí nuestras oposición a las tesis de Lévy (P. Lévy, ¿Qué es lo virtual?, Barcelona, Paidós, 1995) y nuestro apoyo a las de Quéau (Ph. Quéau, Lo virtual , Barcelona, Paidós, 1994).
8.
Por supuesto, en este nuevo orden fenoménico no hay armonía preestablecida alguna. La armonía en la sociedad de la información hay que lograrla.

 

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