Las obras de arte robótico con frecuencia se evaden de cualquier definición limítrofe de la robótica -- excepto tal vez en lo que respecta al principio de dar precedencia al comportamiento en relación a la forma. Apegarse a definiciones parece menos importante que la oportunidad de trazar paralelos entre las distintas estrategias empleadas a veces con criaturas electrónicas ("arte robótico"), a veces con una combinación de orgánico y electrónico ("arte cyborg") o la proyección remota del ser humano a partir de un telerrobot ("arte de la telepresencia"). Estas formas de arte no sólo están directamente relacionadas conceptualmente, sino que también aparecen hibridizadas en algunos trabajos.
En cuanto varios prototipos de robots no comerciales fueron desarrollados en los años 50, principalmente para entretenimiento e investigación científica, a partir de los años 60 podemos encontrar los primeros trabajos de arte de robótica.
El arte cinético, que se desenvuelve en los años 50 y 60, contribuyó a liberar la escultura de una forma estática y reintroducir a la máquina en el núcleo del debate artístico. Destaca en este contexto CYSP 1 (Escultura Cibernética Espaciodinámica), 1956, de Nicholas Schöffer. Esta obra interactiva pionera, montada en una base fija y realizada con sensores y dispositivos electrónicos analógicos, producía diferentes movimientos en respuesta a la presencia de observadores. Al pasar de lo electromecánico a lo electrónico, la obra de Schöffer creó un puente entre el arte cinético y el de la robótica.
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