Eduardo Kac

En la medida en que los medios electrónicos se tornan prácticamente ubicuos, el papel de la robótica en el arte contemporáneo debe ser considerado en conjunto con otras formas y sistemas como el vídeo, la multimedia, la performance, el arte de las telecomunicaciones y las instalaciones interactivas.

Uno de los puntos más problemáticos de la robótica en el arte es la definición de lo que es un robot. Podemos considerar, de entrada, las tradiciones mitológicas de varias culturas que han originado criaturas fantásticas, como la historia griega ancestral de Galatea (la diosa Afrodita dio vida a una estatua) o la leyenda judia de origen bíblico del Golem (un androide mudo hecho de barro por humanos). Por otra parte, podemos encontrar en las tradiciones literarias más recientes perfiles imaginarios de autómatas, robots, "cyborgs", androides, telerrobots y replicantes.

Seres literarios híbridos o artificiales vienen excitando la imaginación de los lectores alrededor del mundo, entre los cuales podemos citar: el Frankestein de Mary Shelley (1818); "La Eva futura" de Villiers de l'Isle-Adam (1886); la versión del Golem de Gustav Meyrink (1915); los robots de Karel Capek en la obra "R.U.R" (que introdujo en el mundo en 1922 el término checo "robot"); "Waldo" de Robert Heinlein (1940), y "Cutie" de Isaac Asimov (1941).

La figura robótica literaria también se ha extendido a la presencia de robots en el cine, tales como: "Metrópolis" de Frits Lang (1926), "El planeta prohibido" de Fred Wilcox (1956), "La guerra de las estrellas" de George Lucas (1977) y "Blade runner" de Ridley Scott (1982). La televisión también ha contribuido a aumentar la imagen de la computadora ambulante y amistosa ("Perdidos en el espacio", de Irwing Allen, 1965), del "cyborg" ("El hombre de los seis millones de dólares [en México "El hombre biónico"], de Harve Bennett, 1974), y del sofisticado androide como mixtura demoníaca de carne y electrónica (en la versión actual de "Star Trek", de Gene Rodenberry, 1966).

 

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