Arte Transgénico: entre el miedo y la retórica

Entre el miedo a los abusos de la ingeniería genética y la propaganda retórica de las compañías involucradas se sitúa el arte transgénico del artista brasileño Eduardo Kac: una nueva forma artística que emplea la ingeniería genética para crear seres vivos únicos. “En el futuro no necesitaremos el ordenador ni Internet, porque no habrá diferencia entre tecnológico y biológico. Los seres humanos tendrán material genético variado y elementos diferentes de aquellos con que nacieron y hay que aprender desde ahora a respetar estas nuevas categorías. Me doy cuenta de las implicaciones éticas y de la complejidad del asunto, así como de la necesidad de preservar y amar la naturaleza” afirma el artista.

Kac es el creador de Alba, una conejita aparentemente como las demás, pero que , gracias al gen de una medusa que le ha sido injertado, se convierte en una conejita verde fluorescente que resplandece en la oscuridad cuando es iluminada por luz azul . Alba, el debate público generado por su nacimiento y su integración social en la familia del artista que la creó, constituyen las tres fases del proyecto de arte transgénico Bunny PVF (Proteína Verde Fluorescente). “La relación hombre-conejo se remonta a la era bíblica y desde el siglo VI los hombres desempeñaron un papel directo en la evolución de este animal. Tradicionalmente la crianza ha sido un proceso de selección para crear razas puras con formas y estructuras estándar, mientras que yo busco formas híbridas y alternativas. No estoy interesado en la creación de objetos genéticos, sino en la invención de sujetos sociales transgénicos, y por ello es tan importante su integración en el ámbito social y familiar” dice Kac, y, consciente del debate y de la preocupación que rodea los ensayos de ingeniería genética, añade que el proyecto no propone ninguna nueva forma de experimentación y que la proteína verde es totalmente inofensiva.

Está tan seguro que ha concebido una nueva obra El Octavo Día (The Eight Day), un universo transgénico con cuatro formas vivas , diferentes todas , con el gen de la ameba verde fluorescente. Hay peces, ratones, plantas y un biobot, es decir un bio-robot, que contiene en su estructura un elemento biológico vivo que determina en parte sus acciones. Un tranquilo entorno resplandeciente encerrado en una cúpula de plexiglás perfectamente ventilada, al que es posible acceder a través de Internet. Y es más, a través de la Red se puede entrar en el interior del biobot “para ver el mundo transgénico desde dentro”: una buena perspectiva para reflexionar en primera persona sobre las implicaciones sociales y culturales de la biotecnología.

 

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