Roberta Bosco y Stefano Caldana

Territorio de inversiones multimillonarias, la investigación biogenética es un tema candente, un motivo de inspiración para los artistas que trabajan en la red y a la vez un motivo de preocupación para las fuerzas policiales. Lo demuestra la incriminación por parte del FBI de Steve Kurtz, miembro fundador del colectivo artístico Critical Art Ensemble, acusado de terrorismo biológico. Una acusación surrealista, considerado el reconocimiento internacional de la trayectoria del grupo en el ámbito del arte político y de los medios tácticos (“tactical media”), con proyectos que combinan investigación, crítica social, performance y nuevas tecnologías.

El detonador de la suspicacia de los agentes fue el attrezzo que CAE utiliza en sus performances y el material documental de sus últimos proyectos, centrados en el análisis de la investigación biotecnológica, en especial Free Range Grains, basado en un laboratorio móvil que permite extraer el ADN de un organismo para detectar posibles contaminaciones transgénicas, al que es posible traer los alimentos sospechosos para que sean analizados. El proyecto quiere familiarizar el público con las condiciones reales de la bioproducción: “La biotecnología está rodeada de mitos, fantasías, especulación y desinformación. Los procesos científicos no se suelen divulgar, ni siquiera cuando afectan a temas como la producción de comida, de enorme interés social” afirman los miembros de CAE, autores de libros como Molecular Invasion y obras como Contestational Biology y GenTerra, entre otras. Gracias a la escasa familiaridad de los agentes federales con el arte, el clima de alarma y paranoia generalizada y, sobre todo, la ampliación de las leyes antiterroristas, reunidas en el lamentable “Patriot Act”, Kurtz fue detenido acusado de estar preparando armas biológicas.

 

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