El segundo paradigma importante es el de la interactividad, que modifica nuestra forma de percibir y producir. Actuamos de modo diferente si en una obra hay interactividad en tiempo real o en tiempo diferido. Por otro lado, el público debe estar instruido. Siempre busco un espectador que se arriesgue a contactar realmente con esos códigos. Estos dos parámetros hacen que pongamos en juego varios criterios que antes estaban establecidos: la linealidad del discurso, la relación causa-efecto, la relación de espacialidad, la virtualidad del producto y la autoría misma.

L.P/ I.E: ¿Cómo se manifiestan estos cambios en el discurso sobre el arte?

G.B: Antes discutíamos el problema de la multimedialidad, los límites entre los discursos de los lenguajes tradicionales: la música, la danza, el teatro, las artes plásticas, las artes visuales. Ahora estamos discutiendo acerca de los límites del arte mismo, sobre todo en lo que se refiere al problema de la causa-efecto en la linealidad del discurso. En la actualidad, muchas creaciones colaborativas plantean como principal paradigma la ruptura de la narración tradicional y la linealidad. ¿Quién es el responsable de la obra? ¿Quién es el autor? ¿Quién tiene el copyright ? ¿Qué hacemos con el copyright ahora?

L.P/ I.E: ¿Qué opina acerca de la postura que defiende que el valor artístico está en función de su valor contextual, más allá de la forma y la estructura que adopte?

G.B: Por supuesto, hay un arte insurgente, inmediato, que responde a una problemática social y política específica. También hay otro que procesa todos los parámetros de su época con mayor abstracción o distancia.

 

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