L.P/ I.E: ¿Cómo establece la relación entre la música electroacústica y las artes visuales y escénicas en el espacio expositivo?
G.B: Trabajo con formatos muy variados: puedo hacer obras de concierto que sean sólo música o trabajar con performance . Además, trabajo mucho con artistas plásticos: fotógrafos, músicos y bailarines.
Codirijo un grupo con Sonia Gili, coreógrafa y bailarina, que se llama “Los de al Lado”. Hemos realizado veinticinco obras en las que la música, el teatro, la danza o la imagen generan un “espectáculo multimedia”. El objetivo es establecer un diálogo con el público, al cual llamo “reintérprete de la obra”, porque creo que el espectador tiene que entender los códigos presentados.
L.P/ I.E: ¿Cuáles son los cambios fundamentales que han producido esta nueva relación entre obra-espectador?
G.B: Considero que ver, sentir o escuchar una obra supone realmente ser interactivo. En los últimos cincuenta años, dos paradigmas han marcado fuertemente el arte digital desde el punto de vista del sonido. El primero consiste en que el timbre y los parámetros internos han pasado a formar parte de la estructuración del lenguaje sonoro. Este hecho cambia totalmente la música previa a la idea del objeto sonoro, que, en general, estaba estructurada en torno a los parámetros de altura y duración. Ahora, se añaden otros, como el espectro, la materialidad y la gestualidad del sonido, que se traspasan a la obra y que pueden interactuar con diferentes lenguajes artísticos.
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