IM: “M”, de Fritz Lang. Alemania 1931. La cámara nos muestra una hermosa niña de cabellos rubios que juega en la calle, haciendo rebotar su pelota de goma contra una columna. En la columna alcanzamos a leer un anuncio: “1000 Marcos de recompensa para quien ofrezca pistas sobre el asesino de niñas”. Una sombra siniestra entra en cuadro. Escuchamos la voz dulce y seductora de la sombra que interroga a la niña: “Wie heissen Sie?”. Acto seguido vemos rodar cuesta abajo el balón de goma, perdido entre unos matorrales. ¿Qué ocurrió? El balón perdido nos genera la presunción de un asesinato. El crimen, al no existir, se transforma en el concepto de un crimen. La escena presenta el asesinato como una idea abstracta, más amplia e influyente que un acto concreto, que abarca todas las nociones del crimen que el espectador tiene en su memoria. En el film “Rashomon”, Kurosawa expone diferentes versiones de un mismo acontecimiento que nunca se revela plenamente. Todas las formas posibles del hecho –sugeridas y no sugeridas- pasan a formar parte de las hipótesis de lectura. También suele citarse a “Rayuela” de Cortázar como paradigma de obra interactiva, debido a la estructura del relato que permite saltar de un capítulo a otro. Pero no es esa la razón de la interacción. En ‘La salud de los enfermos', donde el punto de vista del lector es vapuleado y arrastrado a sucesivas interpretaciones contradictorias, a permanentes reivindicaciones y reevaluaciones de todo lo pensado en el propio acto de lectura, Cortázar utiliza un grado explícito de interacción con el lector, independiente del formato de lectura.
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