Pero en una obra multimedia los caminos que un interactor puede escoger están definidos por el autor. En Being Boring se buscaba solucionar, mediante la participación del usuario, la diversión de dos chicas que se quedaron sin televisión y no tenían qué hacer. El público sugería opciones o votaba por las ya dadas para que las chicas inventasen una vida sin televisión. Pero lo que debía ser un ejercicio de democracia terminó en tiranía: las actrices nunca pudieron opinar, la gente votaba y ellas obedecían. Pienso realizar una versión extendida diferente: probar la democracia en una sola persona para ver si se le puede dar una vida más edificante o si la democracia es un mito del que debemos dudar en un país como México, donde está en cuestión si la democracia sirve, para qué, por qué, si vale la pena seguir los consejos de los ancianos, en los que ha vivido México durante siglos. O este tipo de “dictablandas”, como las llama Mario Vargas Llosa.
SARA COSTANTINI: ¿Crees que pueden generalizarse estos nuevos planteamientos con la narrativa no lineal que propugnas?
FI: Parte de la literatura contemporánea se hace en Internet e incluye, además de letras, otros elementos como vídeo, audio, interactividad... Hay varias cuestiones: por un lado, quiénes pueden leer estas novelas, o cómo llegan a ellas. Por otro, por qué deciden salirse de la tradición. Tenemos que estar muy dispuestos a que estas nuevas novelas, películas o narrativas tengan sus propias reglas. Pero aprender las reglas exige demasiado del lector, usuario, interactor. Es una cuestión de contenido y estética. Quizás, una cuestión de forma y estructura, pero en la que éstas se invisibilizan para crear una experiencia y un sentido. Hace cosa de una año, en la Avenida Revolución en Tijuana, Mark Dery me decía: “Fran, nadie quiere anarcosindicalismo en su literatura o en su cine”. ¿Por qué? Es demasiado complicado. Lo entendí, pero quise seguir nadando en contra. Pero quizá, en una época de tanta información globalizada, la computadora sea lo mínimo que podemos tener para entender lo que está sucediendo.
LA: En uno de tus textos hablas de la necesidad de convertir lo digital en un “espacio habitable”. La relación entre el mundo real y el virtual es recurrente en tu producción. ¿Qué entiendes por “habitar” en un entorno digital?
FI: Es parte de un proceso de años. En los orígenes de Internet, hablábamos de culturas futuras, comunidades virtuales, ciberpunk, rave ..., podías hablar de paz, amor y unidad. Era un momento de ingenuidad, pero muy vital. Luego pensamos que no era suficiente reunirnos en Internet, sino no olvidar el mundo real, algo que también le pasó a Hakim Bey , que hablaba de las “zonas autónomas temporales”.
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